El Paris Saint-Germain se coronó bicampeón de la UEFA Champions League tras superar al Arsenal por 4-3 desde los once metros en el Puskás Aréna, después de que el partido acabara con empate a uno en el tiempo reglamentario y la prórroga no moviera el marcador. Luis Enrique levantó su tercer título europeo como entrenador y el conjunto parisino se convirtió en el segundo equipo de la historia en defender la corona de la Champions desde que la competición adoptó su formato moderno en 1992, igualando la hazaña que el Real Madrid había protagonizado en múltiples ocasiones.
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El inicio puso en gran desventaja al PSG, Kai Havertz se coló a la espalda de la defensa parisina en el minuto seis, se adentró por el costado izquierdo del área y cuando parecía que el ángulo lo condenaría, conectó un remate ajustado al palo corto que superó a Matvéi Safónov. Era el gol más rápido en una final de Champions desde que Mohamed Salah anotó en el minuto dos para el Liverpool en 2019, y estableció el guion que el Arsenal cumpliría con disciplina durante casi toda la tarde: defender, aguantar y no dar nada.
El plan de Mikel Arteta funcionó durante mucho tiempo; el equipo inglés se mantuvo compacto, David Raya se mostró seguro bajo palos y los intentos de Dembélé, Fabián Ruiz y Désiré Doué desde la frontal del área no encontraron el camino a gol en la primera mitad. El PSG dominaba la posesión pero sin profundidad real, y el Arsenal se sentía cómodo en esa incomodidad calculada. Que el partido se fuera al descanso con el marcador sin moverse era exactamente lo que Arteta necesitaba.
La igualada llegó sobre la hora de juego y con algo de fortuna para los franceses. Cristhian Mosquera derribó a Khvicha Kvaratskhelia dentro del área, el árbitro señaló penalti y Dembélé ejecutó el lanzamiento con una frialdad casi desconcertante: engañó por completo a Raya y ajustó el balón junto al palo derecho. El 1-1 cambió la energía del partido y lanzó al PSG hacia adelante. Kvaratskhelia rozó el segundo con una acción individual que terminó en el palo, Vitinha estrelló un remate en el larguero y Barcola no encontró portería con un zurdazo en el tiempo de descuento. El Arsenal sobrevivió, pero por muy poco.
Doué, Noni Madueke y Viktor Gyökeres lo intentaron, pero el miedo a encajar y el agotamiento físico convirtieron los últimos treinta minutos en un ejercicio de contención mutua. Arteta llegó a los penaltis sin cambios disponibles, habiendo agotado sus sustituciones durante el partido: seis en total, incluyendo toda la delantera titular con Piero Hincapié visiblemente lesionado sobre el césped del Puskás. Era su partido número 63 en una temporada extenuante.
Raya le paró el lanzamiento a Nuno Mendes y por un momento pareció que el destino podría inclinarse hacia el Arsenal. Pero Eberechi Eze mandó su penalti fuera y Gabriel Magalhães, que quizás nunca habría tenido que lanzar si los sustitutos no hubieran incluido a cuatro posibles ejecutores; Odegaard, Saka, Trossard y Havertz entre ellos, disparó por encima del travesaño. El PSG ganó 4-3 y Budapest les pertenecía.

Luis Enrique, por su parte, escribió su propio capítulo en la historia del fútbol europeo; sus tres títulos de la Champions como entrenador: Barcelona en 2015, PSG en 2024 y ahora en 2026 lo convierten en el segundo técnico más ganador de la competición, solo por detrás de Carlo Ancelotti. Es también el primer español en ganar dos ediciones consecutivas de la Copa de Europa desde José Villalonga, que lo logró con el Real Madrid en las temporadas 1955-56 y 1956-57. Para el Arsenal, la derrota deja sabor agridulce: una final de Champions por primera vez en veinte años, una temporada de 63 partidos y una eliminación que dependió de tres penaltis y de decisiones en los cambios que, en retrospectiva, Arteta probablemente revisará con atención.




